viernes, 18 de mayo de 2012

3 - De la Tierra

            Querido Leo:

            Algo sucede en esta tierra que habitamos. Parece que tome conciencia y se defienda de tantas agresiones y faltas de respeto. Erupciones volcánicas, seísmos, maremotos… Nos ciega, nos engulle o nos azota dejando al descubierto lo insignificante de nuestra existencia.
            El otro día me tocó a mí tener un encontronazo “terrestre”. Bajé a tirar la basura después de la cena. Me animó el calor entrando por la ventana, la bonita noche estrellada de luna llena y sobre todo el hedor insoportable que despedía la bolsa cada vez que abría el cubo. Como a esa hora no había nadie en la calle, arriesgué mi reputación saliendo en zapatillas, ya sabes, la pereza me acompaña siempre y preferí ahorrarme el momento “cambio de calzado”.
            Volvía a casa atravesando el césped del vecino –me encanta sentir lo mullido del verde, no sé porqué le cabrea tanto- cuando con gran estruendo se abrió una enorme grieta bajo mis pies. Mis reflejos actuaron más rápidos que mi cerebro y con un salto ágil y aparatoso conseguí agarrarme al borde del suelo y clavar mis pies en la pared escarpada que se hundía en aquel agujero sin fondo visible. Salir de allí me costó tres uñas rotas y cuatro días de agujetas.
            Lucir zapatillas me salvó la vida, si hubiese calzado tacones me hubieran dado el record Guiness a la caída libre más larga del mundo. En ese momento me planteé porqué no las usamos a diario, son cómodas, ligeras, hay diseños para todos los gustos, son baratas, tras un viaje en la lavadora quedan como nuevas y como arma arrojadiza son infalibles. Yo sólo les veo ventajas, a partir de ahora será lo único que adorne el mueble zapatero.
            Asomada al precipicio, sobrecogida por el silencio tras el rugir fiero del suelo, quise saber la razón de aquella emboscada. Grité al agujero sin mucha esperanza de respuesta, esperando tan solo el eco burlón, mas surgió una voz ronca, profunda, que parecía el mismísimo Diablo hablando desde el infierno. Superado el sobresalto inicial conversé con la tierra y aclaré el motivo de su enfado. Yo era la gota que colmó su vaso, un acto insignificante acumulado a otros miles o millones de otras personas había desembocado en mi adopción como chivo expiatorio. Unas colillas enterradas esa misma mañana habían levantado una molesta migraña en aquel terruño, poco veneno era aquél –eso dije en mi defensa-, pero aquello culminaba un proceso aditivo que clamaba venganza, me tocó a mí. La historia que contaba era muy triste, no quisiera estar en sus partículas, lloré, lloró… y ahora mi vecino disfruta de un lago en miniatura gracias al desahogo de una tierra fértil pero desgraciada.
            Establecimos un pacto de no agresión, yo la respeto a ella y ella a mí. Además, sabiendo lo mal que lo pasa le prometí cuidarla en lo posible, ahora soy socia de Greenpeace y me dedico a difundir su mensaje puerta a puerta, al mas puro estilo de los testigos de Jehová. Cuando quedemos para tomar un café te bajaré unos folletos informativos y el número de cuenta para colaboraciones, entiéndelo, es por una buena causa, por una buena amiga.

            Besos esquimales

5 comentarios:

  1. El eco de esta Carta trae un mensaje alto y claro... lo he oído y espero con impaciencia al cartero. Me pondré zapatillas para que no me duelan los pies mientras viene... :)

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    1. Las zapatillas te podrán sacar de casi cualquier apuro :) El cartero seguirá fiel a nuestros buzones de viernes.
      Besotes!!!!!

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  2. Preciosa y emotiva carta Leire, desde luego estoy totalmente de acuerdo con lo que transmites en ella, cuántas veces he pensado lo harta que debe estar la Tierra de nosotros,pequeños e insignificantes animalejos tan molestos.

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    1. Gracias, Yashira! Espero sigamos compartiendo cartas y mirando el mundo más allá de lo aburrido de nuestro ombligo.
      Un beso!

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  3. ¡Momentazo! Tirar la basura con zapatillas es uno de los mayores placeres de este mundo. Pies libres y dedos que juegan correteando entre el suave tejido que los recubre...

    Justo esta mañana alimenté La Tierra con un bonito almendro, que menos que algo bello para agradecer su esfuerzo diario.

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