viernes, 22 de junio de 2012

8 - De los pájaros y las hormigas

           Querido Leo:

            Días atrás acudí al espectáculo de aves rapaces que me sugeriste. Aquello era un hervidero de gente, hice cola sin perder los nervios a pesar de varias intentonas por parte de un señor de colarse. Cuando vi que rompía el orden de la fila y se situaba a mi derecha, sospeché las intenciones y metí hombro defendiendo mi puesto, todavía si hubiera intentado un adelantamiento por la izquierda…

            Disfruté con la exhibición de halcones y águilas, aunque lo más interesante llegó con el buitre leonado. Era inmenso, lo hicieron volar a ras del público para que apreciáramos su envergadura magnífica. Al pasar sobre mí, golpeó con suavidad mi cabeza. Me extrañó que un pájaro habituado a realizar ese ejercicio a diario cometiese un error de cálculo, cuando el gesto se repitió en los vuelos restantes comprendí que me requería para algo. Cuando finalizó el espectáculo caminé hasta la zona de descanso de las aves. Cada una tenía su propio recinto abierto y al fondo a la derecha estaba el buitre. Sonrió al acercarme y un escalofrío me recorrió la espalda.

- ¿Qué necesitas?
- No soy capaz de comunicarme con mis cuidadores y alguien precisa ayuda. Hace un rato un hombre se desvió del camino señalizado, tropezó tras esa roca grande y ahí sigue, de rodillas, parece que busca algo. Nadie pasa por allí y yo con la pata encadenada a este palo soy un inútil.
- Veré qué puedo hacer.

A cuatro patas y palpando el suelo con cierta desesperación había un hombre de mediana edad. Pensé que habría perdido una lentilla, pero lo que se le había caído era la cara. Ni ojos, ni nariz, ni boca… tan solo una extensión, desde la raíz del pelo hasta la nuez, de piel lisa y blanca. Me ofrecí a ayudarle, para mí que veía no podía ser muy difícil dar con el rostro aun sin conocerlo. Una hilera perfectamente ordenada de hormigas que desfilaba junto a él llamó mi atención. La seguí un trecho y fuera de lugar hallé una de ellas cargando a las espaldas una media sonrisa acompañada de ojos asustados. Parecía despistada, dando vueltas sin sentido aparente.

- ¿Por qué vuestra compañera no os acompaña?- pregunté a las pequeñas disciplinadas.
- No hace caso a las órdenes de agrupamiento, tiene el corazón desordenado.

Nunca pensé que las hormigas tuvieran corazón y menos aún que se les pudiera desordenar… Quise preguntar más, pero la que parecía mandar en el cotarro ordenó callar y todas continuaron su camino sin dirigirme siquiera la mirada. Recogí la cara del señor –bastante bien parecida, por cierto- y la hormiga suspiró con alivio por el peso que le quitaba de encima. El buen hombre, en agradecimiento, me regaló unos vales de descuento para gasolina y unos puntos de supermercado con los que conseguir una cafetera express.

Los pájaros entonaron sus mejores cantos y graznidos, aplaudieron sus alas con pasión y me ofrecieron sus patas a modo de despedida. Volveré otro día, en temporada baja para evitar el gentío, me han prometido una exhibición única la próxima vez que regrese.

Besos esquimales

5 comentarios:

  1. Le devuelves la cara y a cambio te da unos vales descuentos...la vida es muy extraña!!

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    1. Una de dos: o es cuestión de cara dura o de bolsillo vacío...

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  2. Esta semana se retrasó el cartero. No sabía si darle un par de sopapos o un par de besos. Al abrir la puerta y encontrarme con un nuevo cartero de cara bien parecida, he cambiado los sopapos por besos. Creo que le ha gustado. Dice que el viernes, será puntual y me ha prometido una sorpresa. La espero impaciente!! Hermosa carta. Genial tú eres entre todas la mujeres... qué gran imaginación! Besazos!! :)

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    1. Este cartero es un poco anárquico, ten paciencia con él y sigue con los besos, siempre dan más resultado que los sopapos.
      Besos!!!

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  3. Y ahora las ganas de ir al Zoo Aquarium de Madrid o a Faunia a ver rapaces, ¿quién me las quita?

    Gran derroche de imaginación que impregna con precisión en eso que quiere el lector, pero no sabe qué es. Se lo das, vaya que si se lo das.

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