viernes, 6 de julio de 2012

10 - De la no viva


Querido Leo:

                ¿Nunca enterraste un secreto oscuro, bien profundo, con la esperanza de olvidarlo y fingir que nunca había ocurrido? Yo sepulté dos hace varios años. Uno de ellos hasta el mismísimo centro de la tierra, el otro, por ser menos sombrío, lo cubrí de cualquier manera y claro, las lluvias de estos días me lo han dejado ver.

                Empezó todo con un recuerdo repentino en forma de sabor. La boca pastosa tenía una sed inusual, al principio no supe qué era lo que necesitaba pero pasadas dos horas, tuve claro que pedía a gritos un poco de sangre. « ¿Sangre? », me dije, «que cosa más extraña…» Al rato me mordí la lengua sin querer, mis colmillos habían sufrido una transformación increíble, lucían largos, afilados, brillantes, me pareció al tocarlos que palpitaban ansiosos. Sabes que me ocurren cosas curiosas, pero… convertirme en vampiresa es demasiado hasta para mi.

                Recorrí el pasillo unas 64 veces, intentando buscar una solución, mas lo único en que podía pensar era en el hambre que tenía. En mi cabeza la imagen de un cuello jugoso monopolizaba la actividad neuronal.

Por fin decidí que había que tomar medidas drásticas, pues anda que no habré visto películas de vampiros como para que me pasen estas cosas y no sepa qué hacer. Aquello sólo se solucionaba con una estaca. ¿Fácil, no? Pues no, Leo, no. Ni un palo de madera en toda la casa, todo tan bonitooooo, tan modernooooo, tan de ACEROOOOO… El metal es frío como los vampiros, no sirve para eliminarlos, hace falta cálida madera, así que no me quedó más remedio que el recurso de pedir ayuda a algún vecino. Hubiese ido al del sexto –como bien sabes-, pero la del primero me cotilleó que hará mes y medio tuvo un ataque repentino de aracnofobia, tan fuerte que le regalaron una chaqueta blanca y una habitación con vistas, los hay con suerte, ¿eh?

Tras meditar largo rato a qué puerta llamar, concluí que si bien era más práctico hacerlo a la del tercero –una señora discreta donde las haya- lo más “fashion” era hacerlo a la del quinto. Puestos a elegir estaca, no hay color entre morir a causa de una de pino de Merkamueble o hacerlo por una Luis XV. Llámame finolis, pero decidida subí a pedir ayuda a mi vecino anticuario.

Me abrió la puerta con un atuendo de lo más adecuado para su profesión, un batín de seda color granate, con solera, no supe reconocer bien si por antiguo o por sucio. Arrastró hasta mí sus pantuflas.
-¿Qué desea señorita?- preguntó.
«Antiguo hasta para la conversación» pensé.

No quise que pudiera ver mis colmillos, así que le hablé procurando abrir la boca lo menos posible. No ayudó  que el hombre estuviera ya un poco sordo, a media explicación me interrumpió porque no se estaba enterando de nada.

                - Le digo que tengo una cena familiar y me falta una silla, ¿si es tan amable de prestarme una? Se la devolveré mañana por la mañana.- repliqué en voz alta.
                - ¡Como no! Entre y coja usted misma una del comedor.

Pasé, agarré una de las sillas y salí dando las gracias.

                - Señorita- dijo - ¿La fiesta es de disfraces? Luce usted un bellísimo rostro vampírico.
                - Sí, sí…- contesté mientras bajaba las escaleras.

                Ya en casa, contenta de que aquel hombre no hubiese sospechado nada, ayudando además en la coartada, comencé el trabajo duro de fabricar una estaca. Arranqué una de las patas y con paciencia infinita tallé uno de los extremos con uno de los cuchillos desafilados de la cocina.

                Te escribo ahora mismo con el trabajo acabado. Tengo un hambre voraz que casi me consume, así que es el momento de terminar con la “no viva”. Ya te contaré cómo fue todo.


                Besos esquimales

8 comentarios:

  1. De donde saca esta chica las ideas?? Tienes una poción mágica a lo Leirex o qué? Me encantó esta carta, como todas las anteriores. Cuidao con las astillas traicioneras, que se clavan bien adentro... y ni con pinzas de acero!! Besazos!!

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    1. Me caí en la marmita de poción cuando era pequeña y... jajajaja
      Un besazo!

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  2. Leire, me temo que De la no viva no se lo voy a poder contar a Darío, tiene miedo subclínico a los vampiros...

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    1. Cachissssssss Pues nada... ésta solo la lee su mamá y al tabernero, si no tiene miedo, también se la dejamos leer ;)
      Besos!

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  3. Esta chica se nos vuelve vampiro y ebanista, curiosa carta esta...

    No llego a quitarme la imagen de la cabeza: "Ella sentada en el suelo tallando la estaca que le quite la sed de sangre" ¡Olé!
    Enhorabuena.

    P.D. Esta carta sí la he leído en su día :)

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    1. Aprovecho ahora para agradecer todos tus comentarios, Alberto. Es un placer que leas y que seas tan participativo.
      Veremos qué pasa con esa estaca y la no viva, funcionará la pata de una silla Luis XV?
      Y sí!!!! Ya estás al día con el correo!! jaja
      Un beso!

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