viernes, 13 de julio de 2012

11 - De la silla


                    Querido Leo:

                Te escribo desde el calabozo. No temas que no mordí a nadie, la estaca funcionó. Fue durísimo clavarla hasta el fondo del corazón –tengo que volver al gimnasio- pero ante tanto esfuerzo no tuve tiempo ni de sentir dolor. Al asomar la punta por la espalda desaparecieron colmillos, hambre y piel cetrina, todo un alivio.

                Lo del calabozo fue hoy por la mañana, cuando me dispuse a devolver la silla al vecino.

Pegué como pude la pata y la limpié con lejía, pero lo de la punta afilada no tenía mucho arreglo, así que para que pudiera usarla sin rodar por el suelo, serré todas. Te prometo que hice un trabajo finísimo, quedó, claro está, más bajita, pero sin cojear y ni una astilla fuera de su sitio. Pues bien, cuando el señor vio el resultado en su salón, dejó escapar un grito ahogado, mirándome con ojos espantados.

- Mi-mi-mi-mi… si-si-si…- balbuceó.
- Hubo un accidente y lo he arreglado como he podido. Sí, ahora la silla es más bajita que las demás, pero con los cojines tan estupendos que tiene eso lo arregla en un momento. Le da un toque de originalidad, ¡hombre!- respondí.

Al oír mis palabras pensé que le iba a estallar la cabeza, tan rojo, tan morado se puso que a punto estuve de hacerle el boca a boca, bueno… más bien de llamar al 112 para que se lo hicieran ellos.

- ¡SEÑORITA! ¡Está usted hablando de una silla Luis XV! Su función no es ser original sino ser antigua y por supuesto ha de tener sus cuatro patas IN-TAC-TAS. ¡Cómo se atreve! ¡A MI LA GUARDIAAAA!

En ese momento perdí yo también los papeles, e intenté explicarle lo de mis colmillos, mi ansia de sangre y cómo su bonita silla había obrado la heroicidad de acabar con una vampiresa maligna fuente de todo mal. Con aquél alboroto, era inevitable que alguno de los vecinos –si no todos- salieran a husmear y entre gritos de “¡A MI LA GUARDIA!” y “¡Pero si me ha salvado la vida! ¡Míreme, ya no soy vampiresa!” llegó la guardia civil.

Poco más que explicar. El vecino del quinto me denunció, me han traído al calabozo porque además no tienen muy claro que esté en mis cabales. Aún no sé cuándo veré al juez, tampoco sé qué le voy a contar, esperaré a mi abogado, aunque creo que no sea partidario de historias vampíricas, iré pensando algo más creíble.

Por favor escríbeme aquí si puedes, me tienen aislada por temor a que agreda a alguien y me aburro. Saber de ti me alegrará la celda.

Besos esquimales

6 comentarios:

  1. No te preocupes... ahora mismo me paso y te acerco unos dulces y limonada fresquita a esa celda...
    Una carta muy divertida. Espero que el cartero no se vaya de vacaciones. Si te ha pedido unos días libres, busca un sustituto, que seguro encuentras alguno! Besazos!! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ese cartero tendrá vacaciones dentro de no tanto tiempo... pero primero habrá de terminar el trabajo.
      Un beso!!

      Eliminar
  2. Me atrevo a decir que es la carta que más me ha hecho reír durante la lectura. ¡Brillante! Me ha encantado.

    Besitos esquimales

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una carta divertida, sí. Lo que a mí me encanta es tu entusiasmo, Alberto.
      Es un gustazo que leas, gustes y comentes :)
      Un beso grande!

      Eliminar
  3. Muy divertida, me gustó. El buen humor no debe faltar nunca

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me pone de muy buen humor arrancar sonrisas!!
      Gracias por leer y comentar!

      Eliminar