viernes, 20 de julio de 2012

12 - De la fuga y el cielo


               Querido Leo:

                ¡Ay! El encierro ha sido espantoso. ¿Has visto alguna vez esos animales salvajes que tienen en pequeñas jaulas en los zoos? Caminan de un lado a otro sin parar, nerviosos y con una mirada tristísima. Así me he sentido, eso sí, yo paseaba mentalmente. Al segundo día, de tanto dar vueltas, mis neuronas decidieron cortar por lo sano y a golpe de axón se abrieron paso por la carne hasta asomar por la nariz. Con ayuda de las dendritas reptaron perezosas hasta colarse por entre los barrotes, no te imaginas el colorido tan fantástico que tienen las sinapsis en directo. Tras un día de escapada volvieron conmigo, al parecer tenían frío.

                Echaba de menos tus cartas, noticias del exterior, pero coincido contigo en que tu regalo fue mucho más práctico que un puñado de palabras. Gracias por el bocata de lomo, tenía un hambre voraz y sobre todo gracias por la lima que había dentro, ¡tienes recursos para todo!

                Tras la fuga de corte clásico me alejé corriendo un par de manzanas, sé que no es mucha distancia, pero a esas alturas el aliento no daba para más. Me senté en un portal a descansar; fue en ese momento cuando me percaté que alguien se había llevado el cielo poniendo en su lugar un óleo. La pintura era un trabajo maravilloso, hiperrealista, si no fuese por mi manía de fijarme en los detalles más insospechados probablemente ni me habría dado cuenta del cambiazo. ¡Qué indignación! ¿Quién había osado llevarse el cielo? Mostraba mi perplejidad a voz en grito cuando se paró un taxi a mi lado. Lo conducía un chico de unos treinta años, vestido de cuero y con una larga melena alborotada.

-         ¿Necesitas ayuda, tía? – preguntó.

-         ¿Te has dado cuenta que no hay cielo? ¿Qué sólo es un óleo? ¿Cómo ha podido pasar? ¡Claro que necesito ayuda! ¡Todos la necesitamos!- contesté.

-         Tranqui, colega… Alguien lo habrá alquilado y por eso han colocado el firmamento alternativo. ¿Dónde has estado escondida para no enterarte de la noticia del año?

-         ¿Noticia del año?- pregunté con sorpresa.

-         Pues sí que estás desfasada, tron… No se habla de otra cosa. Hace unos días inauguraron por todo lo alto la Oficina de Arrendamientos Celestiales. Se puede alquilar el cielo y sus objetos estelares. Está siendo un éxito y se están forrando los muy cabrones.- sonrió – Fíjate que estoy pensando en ir a pedir curro allí y dejar el puto taxi de una vez por todas. Si quieres te acerco y lo ves tú misma.-

-         Gracias, pero estoy sin blanca.- respondí.

-         No importa, sube. No todos los días se encuentra uno a alguien capaz de vivir al margen de las noticias. ¡Vamos allá!- dijo de forma enérgica.

                Monté en el taxi deseando llegar a destino para ver cómo funcionaba eso de alquilar el cielo.
                Mi amigo inesperado tenía un coche reluciente pero con un olor peculiar. Tras recorrer una corta distancia descubrí porqué.

                - ¿No te importa, verdad?- preguntó al tiempo que encendía lo que parecía un porro. - Fumar un peta de vez en cuando me ayuda a tomarme con calma a todos esos hijos de puta que van al volante.- se rió a carcajadas.

                Por supuesto que no me importaba, aquel chico de risotada sincera me caía muy bien.
                Charlamos durante todo el trayecto y al llegar me pasó el porro diciendo,
                 - Lo necesitarás para no desesperar ahí dentro. Ya sabes… ¡La puta burocracia! ¡Salud camarada!
                Y con esa despedida pisó a fondo el acelerador dejando tras de sí una estela de humo blanco.

                La Oficina de Arrendamientos Celestiales ocupaba la quinta planta del edificio frente al que me dejó el taxista. Según dijo la funcionaria sentada tras el mostrador, había acertado de pleno con la hora, en otro momento hubiese encontrado una cola kilométrica. Me podía haber ahorrado las caladas de marihuana, todo fue como la seda. Informada acerca del servicio, no pude resistirme, así que alquilé un cielo nocturno para la noche de mi cumpleaños. Aunque costaba bastante más, he incluido unos extras: luna, estrellas y agujero negro. Al fin y al cabo el dinero no lo puse yo, previsora como suelo ser birlé un par de carteras en mi ascenso al quinto piso.

                Después de mi ataque consumidor busqué un escondite seguro para eludir las fuerzas del orden. Desde mi agujero pequeño y acogedor te escribo. Estás invitado a mi fiesta estelar de cumpleaños, anótalo en tu agenda apretada.

                Besos esquimales

4 comentarios:

  1. Acepto la invitación y de regalo te llevo a Venus, ¿te parece?

    Nuevamente brillante. Se sale de los parámetros de la cordura, lo que resulta más entretenido. Me encanta mirar al cielo cada día, aunque lo prefiero más por la noche, cuando todo el mundo duerme y poca gente se fija en él.

    Besitos esquimales

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    1. Venus suena muy bien!! :)
      Confieso que ésta es mi carta favorita, la niña de mis ojos...
      Un beso

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  2. Y yo, con cada carta, me sigo preguntando de dónde salen tan geniales ideas. Cada semana me sorprendes y me arrancas sonrisas entre líneas. Otra hermosa carta. Quién me iba a decir a mí que esperar el correo podría convertirse en un vicio tan enriquecedor!! Un abrazo!! :)

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    1. Las ideas... ayyyy ni yo misma sé a veces cómo surgen jaja!
      Un beso!!

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