jueves, 4 de septiembre de 2014

¿De qué pesa menos un cántaro lleno que vacío?

               Querido Leo:

                Acostumbrados como estamos a las historias –impresas en papel o narradas con imágenes- vivimos mirando nuestro entorno cotidiano como si de una más se tratase. Cuando el otro día caminé al centro de la ciudad y vi a lo lejos, junto a los jardines con hierba de cemento, una multitud curioseando por encima de un cordón policial, me imaginé inmersa en una novela de intriga.

                La Policía echaba para atrás al gentío y varios de los agentes sujetaban canes con miradas inquisitivas. Los murmullos eran la banda sonora de un misterio, acentuada cuando tres cabezas más adelante escuché: «Sólo hay un cadáver para la foto». ¡Un fiambre! ¡Ay! Y únicamente posaba uno, debía de haber más…

                Nunca vi un muerto fuera del féretro, sin preparar para los vivos. Tenía que saciar mi curiosidad, incluso pensé en buscar pistas y dejar a todos patidifusos esclareciendo el crimen con argumentos retorcidos aunque sólidos. Me puse a cuatro patas y avancé entre las piernas de los mirones. A la altura de los policías que impedían el paso, uno de los perros me enseñó un colmillo a modo de advertencia, me dispuse a olerle bajo el rabo por aquello de disimular y establecer lazos de amistad, pero no debió de convencerle la estrategia porque me mostró el segundo colmillo. No hicieron falta más señales para captar la indirecta, me incorporé resignada a ver el espectáculo desde la barrera, sin ser partícipe.

                De puntillas conseguí ver algo de lo que allí acontecía, pero la decepción dibujó un gesto
curvo de interrogación en mi cara. Ni sangre, ni cadáveres, ni misterios. Un montón de fotógrafos de prensa disparando flashes a un tipo que no dejaba de buscar compañía a derecha e izquierda,

apostado bajo un cartel: «III FORO DE ALCALDES». Resultó ser una historia de esas que empiezan pareciendo una cosa para luego ser otra. En este caso de la intriga pasé a la risa y los acertijos. Busqué al policía que formuló el juego de palabras con “cadáver” y “foto” y, situándome frente a él, le reté con una adivinanza antigua: «¿De qué pesa menos un cántaro lleno que vacío?». Ladeó la cabeza y por su expresión diría que quedó pensando… Yo dejé atrás el tumulto para pasear las calles silbando una tonada, protagonista de algún vídeo musical. En otro momento, si hay segunda parte de la historia, tropezaré con el agente y descubriré si encontró la solución a mi acertijo.

                 Besos esquimales

2 comentarios:

  1. Como siempre, exquisita...

    Llenaría el cántaro de aquello que contiene el queso cheddar...
    Gracias por mostrar otra vez este mundo, que con tanto entusiasmo leo.

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    1. Gracias, Alberto, por no faltar a la cita y dejar tus palabras aquí escritas.
      Bien por ese queso!! Creo que estás en disposición de pelear por el título de "maestro de acertijos"!! Yujuuuuu!
      Un beso enorme

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